Cabezuela del Valle: el corazón histórico
Entre los pueblos de la comarca destaca Cabezuela del Valle, cuyo casco histórico constituye uno de los mejores ejemplos de arquitectura tradicional de la zona.
Sus calles estrechas y empinadas conservan viviendas construidas con materiales tradicionales, entre ellos madera de castaño, roble y adobe. La localidad está declarada Conjunto Histórico.
Caminar por sus calles permite comprender cómo las comunidades del valle se adaptaron a un territorio montañoso en el que el espacio disponible era limitado.
Las casas se levantaron siguiendo la pendiente.
Las calles se adaptaron al relieve.
Y los materiales procedían, en buena medida, del propio entorno.
Es una arquitectura que no intenta dominar el paisaje.
Intenta convivir con él.
En Cabezuela se encuentra también el Museo de la Cereza, dedicado a explicar la importancia histórica y cultural de este cultivo y las técnicas tradicionales relacionadas con su recolección.
Jerte, el pueblo que da nombre al valle
En el corazón de la comarca encontramos Jerte, la localidad que comparte nombre con el río y con el propio valle.
El pueblo se encuentra situado a unos 600 metros de altitud y constituye uno de los principales puntos de acceso a la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos.
Su posición resulta privilegiada.
Desde aquí se puede contemplar cómo el fondo del valle se abre entre las montañas y cómo las laderas están ocupadas por los cultivos de cerezo.
Jerte es además un excelente punto de partida para descubrir el paisaje natural que rodea la comarca.
La Garganta de los Infiernos
Si los cerezos representan la dimensión agrícola y cultural del Jerte, la Garganta de los Infiernos representa su dimensión salvaje.
La Reserva Natural ocupa unas 7.226 hectáreas y forma parte de la Red de Espacios Naturales Protegidos de Extremadura.
Aquí el agua es la verdadera protagonista.
Arroyos y torrentes descienden desde las montañas y han ido erosionando las rocas graníticas hasta crear cascadas, gargantas y profundas pozas.
Entre los lugares más conocidos se encuentran Los Pilones, donde el agua ha excavado en el granito una sucesión de grandes cavidades naturales conocidas como marmitas de gigante.
Es uno de los paisajes más espectaculares de toda la comarca.
Durante el verano, estas aguas se convierten además en uno de los grandes atractivos para quienes buscan refrescarse en plena naturaleza.
El agua: la otra gran protagonista
Existe una razón por la que el Valle del Jerte posee una vegetación tan abundante en comparación con otros territorios extremeños.
El agua.
Numerosas gargantas descienden desde las montañas y alimentan el sistema fluvial de la comarca. El resultado es un paisaje de gran riqueza vegetal, con bosques, castaños, robles y vegetación asociada a los cursos de agua.
El viajero que recorre el valle descubre así una sucesión de paisajes.
En un momento puede encontrarse entre cultivos de cerezo.
Unos kilómetros después, junto a una garganta.
Más adelante, atravesando un bosque.
Y finalmente, contemplando desde un puerto de montaña un valle que se extiende muchos metros por debajo.
Esa variedad es uno de los grandes valores del Jerte.
El otoño: el secreto mejor guardado
Quien haya visitado el Valle del Jerte únicamente durante la floración se ha perdido uno de sus espectáculos más bellos.
El otoño transforma nuevamente las montañas.
Los verdes desaparecen progresivamente y aparecen los amarillos, ocres, naranjas y rojos.
Los cerezos adquieren tonalidades cálidas y las laderas parecen encenderse bajo la luz baja del otoño.
Es una época especialmente apropiada para caminar.
Los senderos atraviesan bosques y gargantas y permiten descubrir un Jerte mucho más tranquilo que el de la temporada de floración.
La comarca celebra además la Otoñada, un conjunto de actividades culturales, gastronómicas y relacionadas con la naturaleza.
El Valle del Jerte a pie
Una de las mejores maneras de conocer esta comarca es caminar.
Existen numerosas rutas que permiten recorrer tanto las zonas agrícolas como los espacios naturales.
Entre ellas destaca la Ruta de Carlos V, un itinerario de 27,7 kilómetros que comienza en Tornavacas y termina en Jarandilla de la Vera. Se trata de un recorrido exigente, con un desnivel considerable y una duración aproximada de nueve horas para un senderista preparado.
No es necesario, sin embargo, afrontar una ruta de estas características para disfrutar del valle.
Hay recorridos más cortos que permiten acercarse a cascadas, gargantas, bosques y miradores.
El Jerte se descubre mejor cuando se abandona el automóvil y se comienza a caminar.
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