Un mirador suspendido sobre el desierto
La primera impresión al llegar al Mirador de Kari es difícil de olvidar.
Ante nosotros aparece un paisaje extraordinariamente amplio, dominado por montañas desnudas, quebradas profundas y formaciones rocosas modeladas durante millones de años.
El desierto se extiende hasta el horizonte y parece no tener límites.
Aquí la ausencia de vegetación abundante permite contemplar directamente las estructuras geológicas. Las montañas muestran sus diferentes estratos y tonalidades, mientras que la erosión ha ido esculpiendo formas caprichosas en la roca.
El resultado es un paisaje que parece pertenecer a otro planeta.
De hecho, esa apariencia extraordinaria es una de las razones por las que el cercano Valle de la Luna recibió precisamente ese nombre.
La "Piedra del Coyote" (también llamado "Mirador de Kari"), forma parte del Valle de la Luna, pero generalmente se accede a él desde otro lugar: desde la carretera que une Calama con San Pedro de Atacama
Una ventana privilegiada al desierto de Atacama
En el inmenso escenario del desierto de Atacama, donde la ausencia de vegetación permite contemplar la geología casi en estado puro, existe un lugar especialmente privilegiado para comprender la grandeza de este territorio: el Mirador de Kari, conocido popularmente como Piedra del Coyote.
En noches de luna llena, el valle presenta también un indescriptible aspecto, pleno de majestuosidad y silencio, fríamente hermoso e imponente.
Presenta diversos afloramientos salinos que parecen verdaderas esculturas además de una gran variedad de cavernas.
En este lugar se puede observar un espectáculo geológico de gran belleza, en especial al amanecer y al atardecer.
Declarado santuario de la naturaleza por su gran belleza natural y extraña apariencia lunar a lo cuál debe su nombre. Es visitado por cientos de turistas cada año por ser uno de los lugares más conocidos de Chile.

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